11.10.07

Talla 20...

Hace un año que no trabajo en oficina. Eso quiere decir que mis pantalones de mezclilla pasaron de la categoría "viernes sport" a la de "uniforme de trabajo". Lo siento, soy poco fancy, me gusta andar cómoda y soy la primera mujer en mi familia materna que pudo usar pantalones de mezclilla sin que mi abuela pusiera el grito en el cielo, así que se volvieron parte de mi identidad.

El caso aquí es que mis 5 pantalones fueron sufriendo "las inclemencias del uso". No estaban precisamente nuevos, aunque en realidad tampoco tenían tanto tiempo; los dos que más utilizaba eran de mi época de viajero incesante, y uno más lo compré justo en el momento en que entendí que podía volver a vestirme como me diera la gana y no como me decían en el código de vestuario de la empresa que debía hacerlo. En fin, que uno tras otro sufrieron diversos "accidentes": un zipper roto, desgarros en el muslo, una ruptura indiscreta al lado de la bolsa trasera del pantalón... pa'l gato, pues. Y como no se trata de tener pinta de pordiosero frente a los alumnos, pues algo había que hacer (y no era ponerme diario pantalones de vestir y faldas, por supuesto).

Con el dolor de mi corazón (y mi cartera), decidí sustituir mis jeans por otros menos jodidos. Por supuesto, nada de marcas caras. Por supuesto, no más de 250 pesos por cada pantalón... así, mis opciones se redujeron a 3 o 4 sitios: Parisina Moda, Woolworth, supermercados (de preferencia Wal Mart), Suburbia. Sí, la pura delicia de la clase media y mediajodida, que es en realidad donde siempre me ha gustado comprar ropa (C&A también cuenta, pero es más caro), con la siempre gustada limitante de encontrar algo en lo que quepa este trasero que J.Lo envidia y Salma Hayek copió durante su embarazo...

Emprendí la búsqueda. Primero Parisina, que es descaradamente barato y no saben de cuantos apuros me ha sacado. Un pantalón de mezclilla, 180 pesos. No se le nota. Por supuesto, de mi talla habitual (13/14), y además un pantalón rojo por otros 150 pesos. Hacía años que no tenía pantalones rojos, y me encantan.

La buena vino cuando llegué a Woolworth, ese santuario de los accesorios domésticos feos, las ollas baratas y la ropa de todas las tallas. En Monterrey me sacó de apuros una y otra vez con sus bonitos sweaters de $150 que compraba cada vez que me agarraba el frío, y siempre se ha distinguido por tener tallas, más tallas y tallas extra. Total, que fui con gran emoción y algo de terror, porque uno nunca sabe cuanto puede gastar cuando la ropa está relativamente barata.

Llegué, pues, al cielo de los jeans baratos. Escogí una tercia de modelos, con harta prisa, todos en la misma talla pero de diferentes diseños y marcas. Tomé el primero y más barato (un pantalón que traía como accesorio de regalo un cinturón dorado espeluznante, pero se le podía quitar), me lo puse y subió perfecto... pero se veía fatal. El segundo... misma talla, diferente marca; entró apretado, el corte no me emocionó... pero no importaba: ahí estaba el precioso pantalón de mezclilla oscura, con brillitos en las bolsas traseras (ya saben, yo bien elegante, ja).

Lo tomé del gancho y en ese momento me di cuenta: aunque la etiqueta decía 15, la cintura era mucho más estrecha que la de los otros dos pantalones que ya me había probado. "¡Madres!" pensé, "o acabo de engordar súbitamente o esta marca tiene problemas con sus tallas". Por no dejar, me metí el pantalón en una pierna... luego en la otra... lo subí... y no pasó de las rodillas. Hagan de cuenta comercial de slimcenter. Y lo peor fue que el pendejo pantalón realmente me gustaba, ¡por eso era el del final!

¿Qué hacer? Pues ponerse los pantalones que trae uno desde su casa, en primera. Después hay de dos sopas:
1. hacer de tripas corazón, escoger el que es de la talla que dice que es, decirse al espejo "pinche gorda comegalletas" y llevárselo, aunque se vea fatal. Es lo que se merecen las gordas comegalletas a las que no les quedan los pantalones que les gustan (pierdes un turno)
2. salir del vestidor como si nada, entregarle los pantalones que no te gustaron a la señorita del probador, llevarte el que te gustó y no te queda y buscar en el estante dos tallas arriba. Cambiarlos ahí y llevarte el grande (avanzas 2 casillas)

Ahora tengo un bonito pantalón azul oscuro, con brillitos en las bolsas, talla 19/20. Y sólo yo veo ese dato... y he de confesarlo, me hace feliz.

4 comentarios:

Simple Girl dijo...

Si en parisina moda somos la misma talla, so, cuando vaya a woolworth tomaré en cuenta tu experiencia!
Roxxx

Coppelia dijo...

Roxxx: bienvenida! Y sí, la verdad es que a Woolworth hay que ir... y prepararse a encontrar tallas bizarrras. Un saludo y un abrazo.

Carolina_Luna_Azul dijo...

Sí, ajá o sea sí ¿pero cómo? ¿Talla 20? ¿Eso existe? Demonios. Acá tu servilleta está traumatizada porque de tanto estar sentada en el p..... trabajo ya subí una talla y los pantalones que tengo me chispan la agarradera del amor. ¡Voy a llorar! ¡Y ahogaré mi desgracia en una compra compulsiva en el Gülgort! Apapacho.

aline dijo...

You are just like me :)

Aunque debo reconocer que no hay mejores jeans que los DKNY .. me da penita pero vale la pena el gasto, según yo, que es lo único que uso. Ja.