He recuperado la costumbre de leer mis blogs. Bueno, algo así. Anduve recorriendo los pedazos de mí que están regados por el internet, esos intentos de ser pública y privada a la vez, esa sensación de no saberme bien si escritor o personaje. Paradójico, todo paradójico.
Creo que ya me acostumbré a la idea, asumí el riesgo de que quien me lea puede sentirse con derecho a pensarme de una forma diferente a como me pienso yo. Me gustó descubrir que hay cosas que aguantan una relectura (aunque también hay muchas que no sirven para un carajo, ni como desahogo). Me ha divertido ver cuán personaje podía llegar a ser cuando sentía que nadie me leía, cuanto me fui descubriendo cuando encontré que tenía lectores, como poco a poco Coppelia se fue metiendo entre las letras de bitter y cosas así.
Después de haber hecho un esfuerzo por integrarme, de pronto me encuentro con que los fotologs son la misma cosa, una fantástica bipartición de mi personalidad: una vestar introspectiva contra una copp más narrativa (aunque a veces se inviertan los papeles). Quisiera a veces volver a escribir en bitter berri y abandonar por más tiempo a vespertina star (sin hablar de la baratura que es más de cien motivos), pero en realidad creo que lo que he de hacer es encontrarle una personalidad definitiva a este altar. Algo que sienta suficientemente yo, que me sirva para escribir mis portentosas diatribas venenosas con la misma facilidad con la que escribo cursilerías asquerosas.
Escribo para encontrarme. Leo para dispersarme. Escribo para dividirme. Leo para reunirme.
El mayor pecado que he cometido con este altar es no permitirle tener una voz propia: nunca se la busqué. Lo definí por oposición, algo que no fuera ni vespertina ni bitter berri, ni copp ni vestar; no tan violento como Virago pero tampoco tan suave como kimaera. El problema fue que nunca me preocupé por descubrir qué sí es este lugar. Una cosa es que qusiera que este blog sirviera como centro elemental, otra es que no tenga una personalidad medianamente mejor establecida que la mía.
El reto ahora será, pues, encontrar mi voz. No la voz de mis personas (que de un modo o de otro, siempre mediocre, ya la tienen medio dibujada) sino la mía, la propia de Coppelia, la de quien escribe este sitio. Vaya embrollo en el que me he metido. Eso es lo que pasa cuando me leo con ojo crítico (por eso normalmente no lo hago). Y creo que aplicaré el mismo principio con mi literatura, a ver si con eso salgo de la parálisis y empiezo, al menos, a pulir toda la basurita que tengo a medio escribir...
28.2.07
25.2.07
Mensaje de texto.
Ayer por la noche, mi teléfono celular vibra. Mensaje: "Espero que estés bien. Entiendo que tienes un Blog. Me puedes dar la dir? Yo acabo de empezar uno." Como siempre, al final de la ola. Como siempre, hasta que ya todo mundo lo hizo, empiezas tú. No me molesté en responderte (menos después de que borraste mi dirección de tu messenger, menos todavía ahora, que soy tan feliz que me dan ganas de restregarte la felicidad como un paño húmedo en la vida mediocre), pese a que mi R, siempre tan ácido, me dijo: "Dale la dirección del fotolog, para que lo vea". Neh, en algún momento de nostalgia pixeleé una foto de un beso contigo y la subí, no me gustaría que tu pequeña y confusa mente creyera que la nostalgia por un beso apasionado es lo mismo que la nostalgia de ti.
Si fueras un poco más hábil, tal vez googlearías mi nombre y la palabra "blog" y encontrarías mi perfil, que te haría dar con este blog y con los otros. Mejor aún, si googlearas el nombre de tu mamá, aparecería esta lista, y podrías saber qué clase de cosas hago con mis blogs. Pero no lo harás, porque con todo y tu licenciatura eres medio inhábil para esto de la tecnología...
Sabes, debiera mandarte el fotolog, nada más para que vieras que me besé con tu amiguito de la universidad, y te enteraras que cuando anduve contigo quería andar con él... Ah, qué cruda soy a veces. Está bien. Ni lo uno ni lo otro.
Si fueras un poco más hábil, tal vez googlearías mi nombre y la palabra "blog" y encontrarías mi perfil, que te haría dar con este blog y con los otros. Mejor aún, si googlearas el nombre de tu mamá, aparecería esta lista, y podrías saber qué clase de cosas hago con mis blogs. Pero no lo harás, porque con todo y tu licenciatura eres medio inhábil para esto de la tecnología...
Sabes, debiera mandarte el fotolog, nada más para que vieras que me besé con tu amiguito de la universidad, y te enteraras que cuando anduve contigo quería andar con él... Ah, qué cruda soy a veces. Está bien. Ni lo uno ni lo otro.
24.2.07
Sabado, 9.38 am
Aquí estoy, acostada (bueno, sentada) en su cama. Él a mi derecha (desde que llegué permanentemente él decidió que su lado de la cama era el de la izquierda, aunque la primera vez en realidad nos acostamos al resve). Jacinto a mis pies, soñando con lo que pueda soñar un gatofante. Ahora que me muevo, Jacinto voltea ay me observa con esa cara bendita que indica que lo desperté sin necesidad, y quiere saber cuáles son mis intenciones. Ambos escuchamos voces desde la ventana, y volteamos con más curiosidad que interés. Él duerme. Su respiración pesada ha ganado la batalla a los ronquidos habituales.Hace ocho minutos (ya casi diez) que debí de haberlo despertado. Pero me gusta oírlo dormir, sentir a su gato gimiendo pacíficamente al sur de la cama, el edredón enrollado en cualquiera de los dos que lo haya ganado durante la noche.
"Despierta, mi amor. Ya son cuarto para las 10, ya es hora". Él sólo medio voltea y se vuelve a acurrucar en la cama. Jacinto cambia de posición y ahora flanquea mi pierna. Él ahora duerme boca arriba y yo tecleo frenéticamente, para terminar y empeñarme en despertarlo...
Antes de dar el enter final, acaricio la barbilla de Jacinto. Procederá la sesión de besos en la panza y lengüetazos en la oreja hasta que logre despabilarlo.
Esta cotidianidad me hace feliz. Él se mueve. Me voy.
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R
30.1.07
Rendicion
Pues sí, resulta que todo marcha bien. Bueno, todo marcha bien excepto que me acabo de enterar durante la clase de mercadotecnia estratégica de que mi presupuesto mensual no me da ni para aspirar a ser NSE D+, soy D a secas. Y yo que era la princesita C+...
En fin, como decía el dicho: "desafortunado en el juego, afortunado en el amor" o algo así. Vivo prácticamente alimentada de y por el amor de mi novio, que ahora ha tomado como su misión en la vida este asuntito de cuidar de mí, lo cual se me hace muy extraño y al mismo tiempo enormemente agradecible. Después de tanto batallar para demostrar que era capaz de cuidarme sola, de mucho pelear por mi autosuficiencia y etcétera, ahora capitulé y estoy hecha una consentida.
R. me llama y pregunta qué voy a querer de cenar. R. piensa en comprar cama nueva y pasarme la vieja (más catre, santo dios). R. me espera, cenamos y me ayuda a hacer mis cosas para la escuela. R. me abraza por las noches y me aprieta contra su pecho y me dice "cosita" y "Te adoro" con una emoción desbordante. R. me invita a comer y descubro un menú totalmente diferente al que yo habría pedido sola. R. que se despierta a las 6 de la mañana sólo para darme el beso de los buenos días y prepararme un sandwich, porque sabe que suelo andar sin desayunar.
Me rindo. Firmo mi capitulación incondicional. Me he enamorado sin reservas, sin interponer otras consideraciones. Me he enamorado por primera vez a ojos abiertos, de alguien que es al mismo tiempo mi igual (ni mi superior ni mi inferior) pero que me hace desear ser una mujer mejor. Le entrego el corazón y la vida porque él me entrega todo sin pedirme nada, sin ponerme límites, sin jugar más juego que el de hacernos felices el uno al otro.
Amo su risa, su forma de entregarse, lo generoso que es, su sentido del humor dañado, la forma en que me mira, escucharlo recrear poesía mientras la saca de las páginas y la transforma en voz profunda, acostarnos abrazados, a su gato Jacintóbolo (que se coloca entre nosotros sólo para recordarme el "Nocturno a Rosario"), pellizcarle la panza, que me haga trompetillas en el ombligo, escucharlo hablar de libros, discutir ideas con él.
Sí, me rindo a su amor. Nadie me pregunte sobre de mí, ya no existo como era antes.
En fin, como decía el dicho: "desafortunado en el juego, afortunado en el amor" o algo así. Vivo prácticamente alimentada de y por el amor de mi novio, que ahora ha tomado como su misión en la vida este asuntito de cuidar de mí, lo cual se me hace muy extraño y al mismo tiempo enormemente agradecible. Después de tanto batallar para demostrar que era capaz de cuidarme sola, de mucho pelear por mi autosuficiencia y etcétera, ahora capitulé y estoy hecha una consentida.
R. me llama y pregunta qué voy a querer de cenar. R. piensa en comprar cama nueva y pasarme la vieja (más catre, santo dios). R. me espera, cenamos y me ayuda a hacer mis cosas para la escuela. R. me abraza por las noches y me aprieta contra su pecho y me dice "cosita" y "Te adoro" con una emoción desbordante. R. me invita a comer y descubro un menú totalmente diferente al que yo habría pedido sola. R. que se despierta a las 6 de la mañana sólo para darme el beso de los buenos días y prepararme un sandwich, porque sabe que suelo andar sin desayunar.
Me rindo. Firmo mi capitulación incondicional. Me he enamorado sin reservas, sin interponer otras consideraciones. Me he enamorado por primera vez a ojos abiertos, de alguien que es al mismo tiempo mi igual (ni mi superior ni mi inferior) pero que me hace desear ser una mujer mejor. Le entrego el corazón y la vida porque él me entrega todo sin pedirme nada, sin ponerme límites, sin jugar más juego que el de hacernos felices el uno al otro.
Amo su risa, su forma de entregarse, lo generoso que es, su sentido del humor dañado, la forma en que me mira, escucharlo recrear poesía mientras la saca de las páginas y la transforma en voz profunda, acostarnos abrazados, a su gato Jacintóbolo (que se coloca entre nosotros sólo para recordarme el "Nocturno a Rosario"), pellizcarle la panza, que me haga trompetillas en el ombligo, escucharlo hablar de libros, discutir ideas con él.
Sí, me rindo a su amor. Nadie me pregunte sobre de mí, ya no existo como era antes.
18.1.07
Disolucion
Me gustaría decir que estoy disuelta. Me gustaría, deveras, decir que no sé lo que me pasa. Pero sí sé. Acabo de conocer a un hombre harto increíble, hace cosa de una semana, y ya se transformó en irremediable parte de mi vida.
¿Cómo fue? No sé decirles cómo fue, ni sé explicar lo que pasó, pero me enamoré. Digamos que yo iba a tomarme un café con un amigo a Coyoacán para matar el aburrimiento del viernes en la noche, y de alguna extraña forma esa salida terminó el domingo a las 2 de la tarde, saliendo de casa de mi novio, después de desayunar con él.
Me caí en el agujero del conejo blanco de Alicia en el país de las maravillas... Inesperadamente mi amigo resultó un excelente conversador, un tipo inteligente, divertido, lector apasionado, fan de los Pumas, veracruzanísimo, maduro pero no solemne, buen amigo de sus amigos, trabajador de la cultura (sí, todavía había alguno disponible), entregado, entusiasta, generoso. Neurótico también, de esos de los que hacen "wahwahwah" y luego se les baja (como yo). Gastronauta consumado. Aventurero pero aterrizado. Analítico pero fiel creyente en la serendipia. Experto en ópera pero amante de las cumbias (y sabedor de que se escriben en octosílabos). Propietario del gato más guapo del sur de la ciudad, pero amante de los perros y de otros animales.
Cuando volteamos, ya llevábamos 6 horas juntos y el frío nos estaba queriendo volver locos. Una hora más hasta que nos corrieron de la última taquería abierta de Coyoacán. Caminar hasta el coche, dirigirnos a su coche y terminar escuchando música en él. Ver amanecer juntos en su techo. Hablar de ópera a las 9 de la mañana sin haber dormido. Amigos, familia, sus brazos, "di-me si-tú quisieeeeeras andar con-mi-gooo, uohoho", sí, carcajadas, no siento las manos, mucho espresso. Dormir abrazados. Escuchar su respiración en la mañana. Saber que ronca, y además de eso que respira pesado. No importa.
Ha sido la semana más feliz de los últimos años. Ya hasta se me había olvidado lo que se sentía ser así de feliz, estar así de enamorada... tanto he insistido en el concepto ése de la complicidad entre amantes más allá de lo físico (sí, esa complicidad emocional e intelectual que implica compartir en una mirada muchas cosas, en una noche pláticas eternas), que ahora que por fin se cumple sigo creyendo que lo soñé.
Se llama RdR y su nombre está entre admiraciones en mi agenda.
Todos creen que estoy loca. Tienen razón.
Me dicen que sea cauta.
No saben lo que dicen.
Si me parto la madre mayúsculamente, habrá valido la pena.
Prometo, solemnemente, aprender a nadar.
¿Cómo fue? No sé decirles cómo fue, ni sé explicar lo que pasó, pero me enamoré. Digamos que yo iba a tomarme un café con un amigo a Coyoacán para matar el aburrimiento del viernes en la noche, y de alguna extraña forma esa salida terminó el domingo a las 2 de la tarde, saliendo de casa de mi novio, después de desayunar con él.
Me caí en el agujero del conejo blanco de Alicia en el país de las maravillas... Inesperadamente mi amigo resultó un excelente conversador, un tipo inteligente, divertido, lector apasionado, fan de los Pumas, veracruzanísimo, maduro pero no solemne, buen amigo de sus amigos, trabajador de la cultura (sí, todavía había alguno disponible), entregado, entusiasta, generoso. Neurótico también, de esos de los que hacen "wahwahwah" y luego se les baja (como yo). Gastronauta consumado. Aventurero pero aterrizado. Analítico pero fiel creyente en la serendipia. Experto en ópera pero amante de las cumbias (y sabedor de que se escriben en octosílabos). Propietario del gato más guapo del sur de la ciudad, pero amante de los perros y de otros animales.
Cuando volteamos, ya llevábamos 6 horas juntos y el frío nos estaba queriendo volver locos. Una hora más hasta que nos corrieron de la última taquería abierta de Coyoacán. Caminar hasta el coche, dirigirnos a su coche y terminar escuchando música en él. Ver amanecer juntos en su techo. Hablar de ópera a las 9 de la mañana sin haber dormido. Amigos, familia, sus brazos, "di-me si-tú quisieeeeeras andar con-mi-gooo, uohoho", sí, carcajadas, no siento las manos, mucho espresso. Dormir abrazados. Escuchar su respiración en la mañana. Saber que ronca, y además de eso que respira pesado. No importa.
Ha sido la semana más feliz de los últimos años. Ya hasta se me había olvidado lo que se sentía ser así de feliz, estar así de enamorada... tanto he insistido en el concepto ése de la complicidad entre amantes más allá de lo físico (sí, esa complicidad emocional e intelectual que implica compartir en una mirada muchas cosas, en una noche pláticas eternas), que ahora que por fin se cumple sigo creyendo que lo soñé.
Se llama RdR y su nombre está entre admiraciones en mi agenda.
Todos creen que estoy loca. Tienen razón.
Me dicen que sea cauta.
No saben lo que dicen.
Si me parto la madre mayúsculamente, habrá valido la pena.
Prometo, solemnemente, aprender a nadar.
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