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16.6.11

Bloomsday

(Inspirado en este texto de Omegar, de hace ya un rato...)

Un jueves cualquiera a los 32 años de edad. Empezar muy temprano por la mañana, quizá más que otras veces, porque R acaba de iniciar de nuevo una rutina fija y ahora los dos compartimos el horario matinal y las obligaciones que empiezan casi de madrugada, todo oscuro, frío y nuestros ocho ojos que parecen no estar listos nunca.

Este agotamiento que se está volviendo mi compañero regular, la mente blunt en vez de sharp y los pendientes que sé que irán creciendo conforme arranque el horario de oficina, el presente que me lleva al futuro, sin darme cuenta ya estoy bañada, seca, (des)peinada con el cabello más corto de lo que lo había tenido en un par de años —soñé que me lo cortaba, luego decidí hacer realidad el sueño, a ver si con eso duermo mejor— y vestida con el mismo vestido blanco que usé en nuestra fiesta de bodas, ejemplo claro de la practicidad, sensatez y olvido de las formas que rigen mi vida. Ya debería estar lista para salir pero sigo dando vueltas alrededor de la casa, los perros, el desayuno incipiente, las croquetas de los gatos, mi bolsa, las llaves, se me olvida de nuevo el proyector que debería de regresar a su lugar en la oficina, un saco que seguro en la noche refresca, mi presente no existe porque mi cabeza está demasiado aplicada en lo que ya pasó y en lo que pasará, pero nunca-nunca en lo que está pasando.

Cierro la puerta de la casa y la privada me recibe con su celofán atmosférico. Las pisadas moradas me llevan a la puerta de la calle, donde un taxi aún no sabe que me espera, pero lo hace. Es un día con color bueno: algo hay en la luz que me resulta feliz, familiar, extrañamente optimista. El taxista me cuenta de las manchas solares y del químico que pronosticó 28 grados de temperatura para el día, pero que en cualquier momento las manchas solares harían nevar en unos lados, llover en otros, ¿qué haríamos sin el sol? No sé, nada, la vida no existiría, punto. Los toldos rosas y verdes me ven llegar a la oficina, corriendo, son las 9, no es tarde pero es tarde, otra vez más.

La bondadosa lux matinae se va desvaneciendo junto con mi optimismo y el futuro vuelve a adueñarse de mi con todo su peso y su velocidad y me lleva de un piso al otro a la computadora al pasillo a la presentación que debo diagramar y enviar para su aprobación y a la propuesta y a los costos y a la junta de las 12 y cuando volteo ya estamos de regreso en la oficina y son las 2 de la tarde y estoy a punto de compartir mi paraíso zen secreto, mi hora de la comida y o bento con la consultora estrella de la tarde, mientras hablamos de mis anteriores trabajos, de sus anteriores trabajos, de relaciones humanas fallidas y otras cosas. Pausa. Te verde. Pagamos y corremos a la junta de las tres, con sus correcciones y sus cambios y el ya casi le atinas pero todavía no háganle sutiles cambios —en realidad rediséñenlo todo, hagan el doble y cobren la mitad de ser posible. Desolación por falta de esperanzas y claridad y peso mental y anímico y saber que me llevara horas desfacer el entuerto y otra vez estoy en el futuro que se vuelve presente cuando empezamos a platicar de las posibilidades creativas en este caos y de pronto y de la nada nos interrumpen y mi interlocutor se va. Broooom.

De nuevo, aterrizar todas las ideas, organizar la estructura. Meticulosamente. A mano. Casi de manera artesanal. Tratando de evitar que se le vean las costuras a la décima reparación del mismo saco. Pensando también que de donde salieron esas ideas pueden muy bien venir otras más, que es sólo cuestión de tiempo e inspiración para que aparezcan, si tan solo tuviera alguna de las dos todo sería más fácil. Hojeo el libro que usamos como referencia. Tomo dos frases. Lo cierro. Las escribo. Ilustro. Otra frase. Invento un nombre cualquiera para bautizar las invenciones del día. Sigo peleando con la hoja de detalles del proyecto que ahora tiene tres columnas y aparentemente poca lógica intrínseca. Dejo de pensar. No por quererlo. Es que el cerebro está agotado. Me prometo escribir como recompensa. Valiente zanahoria. Lo que querría es un Jack & Coke helado a mi derecha. Sólo hay café de la máquina. Sirvo. Sorbo. Bebo.

Apagan la luz en las áreas comunes del edificio justo en el minuto en el que estoy saliendo hacia el pasillo de servicio por el que hay que escaparse cuando sales tarde, como los ladrones, como el personal de limpieza, como a todos aquellos a los que hay que esconder. Otro taxi me espera sin saberlo en la avenida y me traerá de vuelta a casa, donde R habrá llegado recién, agotado, somnoliento, acosado. Los perros están más felices que nunca de verme. A los gatos les da un poco lo mismo. Me pongo a escribir esto como quien se impone un deber doloroso pero satisfactorio. Como los corredores de distancia, que tienn que demostrar que la energía les rinde por una milla más antes de llegar a la meta. he llegado, dos horas tarde. No importa. Los ojos se me cierran y es hora de terminar este día, con los perros castigados y los gatos dormidos y R durmiendo antes que yo por primera vez en meses. Yo me quedaría dormida en el sillón, de nuevo, como todos los días, pero no. Voy a acostarme.

28.10.10

The end is the beggining is the end

Lo logré. Creo que ya pasó el bache de querer dejarlo todo y salir corriendo. Ahora viene la avidez, la emoción desenfrenada de quererlo todo al mismo tiempo: desear demostrar todo aquello que esta empezando a crecer en mi cabeza, iniciar cosas nuevas, más grandes, mejores.

Después de haber pasado por esa temporada en la que extrañaba mucho ser quien fui hace un par de años, creo que me ha llegado el momento de asumir que soy quien soy ahora. No puedo ser nadie más, nada más que esto en este instante. Lo divertido es que una vez que lo asumo, me gusta y me llena de cosas.

Pienso en esta tarde, la más importante que he tenido a nivel profesional en varios años. En lo divertido que fue (y lo estresante y tensionante también). En lo mucho que he aprendido a disfrutar mi entorno laboral, sobre todo cuando pasó de ser un área a ser un universo en constante movimiento. Viajar con otras personas, trabajar hombro a hombro con compañeros de otras áreas, hacerme de amigos nuevos; de pronto descubrir que están apareciendo sueños que antes no tenía y que probablemente me lleven a sitios que ni siquiera imaginaba.

Eso hace que me cuestione mi vida personal, también. Y asumir los múltiples cambios en mi vida personal da como resultado encontrar nuevas personas que me hacen feliz cuando comparto tiempo con ellas. De pronto, mis amigos de la maestría se vuelven el tipo de eje que sólo se crea en la universidad, pero los de la universidad son tan antiguos y queridos como los de la prepa, y los de internet se salen de ahí y me abrazan y escuchamos música juntos y se saben mis chismes mejor que nadie.

No sé. Creo que ésta que estoy reencontrando se empieza ya a sentir feliz de ser. Ahora toca trabajar por que dure...

18.2.09

De El libro salvaje


A veces he llegado a creer que uno lee para encontrarse a sí mismo. El problema verdadero viene cuando, al leer, te descubres leyendo algo que es tu historia y no es tu historia.

Como empieza el libro: "Voy a contar lo que ocurrió cuando yo tenía 13 años. Es algo que no he podido olvidar, como si la historia me tuviera tomado del cuello". En mi caso, después del fantástico intro, lo que tendría que decirse es que yo estaba a mitad de la secundaria, que las amigas que tenía no eran tales y que mi sueño recurrente implicaba seguir dormida y no despertar nunca. Y luego la biblioteca de mis abuelos me descubrió a mí, y las larguísimas tardes de encierro se transformaron en tardes de lectura. Ya no importaba si no había historias en mi vida real, porque siempre las había entre las páginas que se escondían entre las estanterías. Me volví un ratón de biblioteca, que no emergió de ella hasta que, "como un pollo ilustrado y recién nacido", estuve lista para volver a vivir en la realidad (aunque siempre, desde entonces, me acompañan los libros).

La persona que estuvo más implicada en acercarme a esos libreros fue mi abuela, que me pedía que le buscara cosas en el diccionario como si lo necesitara, con los lentes puestos sobre la nariz y sostenidos por una cadenita dorada que le rodeaba el cuello, con la pluma bien dispuesta entre los dedos azules y nudosos de la mano derecha y el libro de autodefinidos en la izquierda, con su cobija tejida sobre las piernas, rodeada de esos tomos que soltaban un polvo que brillaba cada que los tomaba y que tenían un olor particularísimo, al cual empieza a parecerse —ahora apenas— el olor de mi despacho.

Después de que mi abuela se fue (cuando yo acababa de cumplir 14), su espacio se transformó en el mío. Nadie más subía las escaleras por la tarde, porque nadie —ni siquiera yo— podía soportar su ausencia. Sin embargo, seguía creyendo que la encontraría al jalar un libro, y así me aventuré a trepar por las estanterías, a hojear la biblioteca joven Salvat, a leer cuentos rusos, a husmear entre revistas viejas. Sigo creyendo que mi abuela vive entre las páginas de todos los libros que leo y que leeré a lo largo de la vida.

No sé en qué estaba pensando Juan cuando escribió este libro. Lo que sí sé es todo aquello que me trajo, lo mucho que me reí y que lloré mientras lo leía (es más, lo que puedo llorar ahora, recordando a mi numen tutelar). No sólo encontré mi pasado, fui leyendo mi presente en estas hojas, en estas letras. Dice el texto que los grandes lectores modifican lo que leen. Yo digo que sí es cierto, que los libros, como los amigos, te modifican y se modifican a lo largo de la convivencia.

Es cierto, también: comparto la superstición. Los libros buscan a sus lectores. Éste me encontró. A lo mejor también los anda buscando a ustedes. Si es así, déjense hallar. Prometo que lo van a disfrutar...

Villoro, Juan: El libro salvaje; México, FCE, 2008.

30.7.08

¡Aaaaah!


Yo tenía el mío... hace un año hicieron esta promoción también... lo amaba con locura... y hace un par de semanas, en plena confusión mental (que ya últimamente se estaba volviendo mi estado habitual) lo olvidé en un salón de clases. Por supuesto, desapareció.

Me hace feliz saber que voy a reponerlo :D En algún momento entre clases, asesorías, pelearme con un par de bancos (le acabo de perder el amor a Ixe, carajo) y más asesorías, me lanzaré (espero que ya de regreso en GB, y si no, pues en metro) a la Gandhi de MAQ para recuperar lo que siempre fue mío, como dice el dicho (claro, merecía el hermoso paraguas... por eso regresó).

Créanme: después del paraguas transparente que tuve de niña, es el más bonito que he tenido (y eso que mi portátil de bolsillo salido de Bershka es una monada). Si pueden, regálense libros y consigan el "paraguas Gandhi". Como decía la Ballena Cantante "me hace mucha ilusión"...

Ya luego que todo se confirme (a más tardar el viernes) hablamos sobre decisiones trascendentes y esas cosas. Por ahorita, parece que las cosas empiezan a cuadrarse de un modo o de otro, pero ya veremos.

7.4.08

Brit.

Hay ocasiones en las que el pasado regresa y le tienes que atrancar la puerta, porque el muy despreciable decide colarse con su tufo más apestoso y traer lo peor de sí. Ah, pero hay otras ocasiones en que viene decente, bañado, arreglado y perfumado, y le abres la puerta y te trae un trozo de la vida que se te cayó en algún momento y que creíste que nunca ibas a recuperar. En esos momentos amas que regrese... o al menos yo sí lo amé.

Ya lo había escrito en mi meme de cumpleaños (y en realidad no lo escribí yo, lo escribió Pitol): uno es su niñez, su familia, unos cuantos amigos... En ese mismo meme, mencioné el Morelos (la escuela en la que hice los tres primeros años de primaria), Tacuba (la colonia en la que estaba esa escuela) y a Britannia, Roberto Carlos y Carlos Alberto, Enrique y Jorge Arturo (mis amigos más cercanos de esa época). En resumen, que yo no sería yo sin ellos.

En el Morelos hice de todo, aprendí de amistad, de compañerismo, supe que ser inteligente no es lo mismo que ser ñoño, tuve todo el espacio para correr que quise, tuve amigos de todos los tipos. Me sabía respetada y querida y acompañada. Pero todo termina... Cuando llegó el momento de pasar a cuarto, mis papás decidieron que la escuela estaba muy lejos y que el nivel "no era todo lo que ellos quisieran"... y me cambiaron de escuela. Fts. ¿Cómo explicar lo que pasó? Nunca pude avisarle a mis amigos que ese había sido nuestro último año escolar juntos, así que los perdí por completo. Entré a una escuela en donde por ser lista y ser nueva tuve que pagar el precio 6 años, y aunque pasé las de Caín (eso de ser el puerquito no se lo deseo ni a los que me jodieron la secundaria entera) en realidad terminó por configurar quien soy ahora: todoterreno, lectora ensimismada, valiente (pese a todo), llena de un humor autorreferenciado. También me insertaron mis inseguridades eternas, pero bueno, ya qué...

De todos mis dolores, el único que no había elaborado nunca fue perder a mis amigos. Entre ellos, Britannia: era una siempre sorprendente chispa de energía, mi otro yo, la perfecta cómplice. Éramos tremendas juntas, nos encantaba hacer cosas nuevas, y aunque vivíamos con alma de protagonistas, nunca nos peleamos, al contrario. Britannia lograba sacar siempre lo mejor de mí, y tenía ideas que a nadie más se le ocurrían. La recuerdo en casa de mis papás, vestida con un vestido mío, pintándose la cara, para "estar lista". No hubo una persona que añorara más durante el paso a sexto de primaria, ni durante mi pavorosa secundaria.

Desde la preparatoria renuncié a volverla a encontrar: la vida ya había hecho su parte y vivimos en una ciudad de muchos millones de habitantes. Logré consolarme con la idea de que habríamos cambiado tanto que reencontrarnos ya sería una tontería, y así vivían felices mis recuerdos, aunque adoloridos por esa pieza faltante en el rompecabezas. Sin embargo, cuando Google llegó al rescate, lo intenté de nuevo: un par de veces, un par de veces más... en realidad cada que me ponía a buscar gente (es un buen mal vicio). En fin, nada... hasta que hace un par de semanas ella me ganó y localizó mi antiguo sitio de internet. Vivíamos con el mismo hueco la una de la otra, parece.

Hemos hablado por teléfono ya un par de veces, y el sábado nos vimos de nuevo por primera vez. Sigue siendo una chispa, ahora canalizada a una familia muy padre; tiene un hijo que es de nuevo ella pero con correcciones de fecha y de quien ya soy fan. Sigue siendo una apasionada de los animales y rescata cuanto perro encuentra. Se sigue disfrazando y maquillando, pero ahora hace de eso un modo de vida: anima fiestas (y es perfecta). Conserva el sentido del humor, las pecas y la sonrisa enorme. Hemos planeado una salida el jueves "en familia" para comer y jugar con el sobrino (ya es mi sobrino) y demás. Fueron casi 12 horas de plática, que todavía no compensan los 21 años sin vernos. Sin embargo, dentro no se siente que haya pasado tanto tiempo.


Mi agradecimiento con la vida está a tope. Y me estoy empezando a sentir completa...

17.1.08

Raconteur

Ahora sí. Al menos, el recuento.

Durante la cena de Navidad, mi tío el de las fiestas de disfraces alocadas hizo como de terapeuta de grupo (finalmente a eso se dedicó durante un tiempo, y en realidad lo hace muy bien) y decidió sentarse con mis primos y conmigo, para después hacernos preguntas sobre nuestras visiones de vida y demás; una cosa sabrosa, pues. También nos hizo la siempre gustada pregunta "¿Qué fue lo mejor y lo peor del año que está por terminar?". Hubo respuestas de todo tipo, desde mis primos los más chavitos que han tenido un año difícil, hasta mi primhermana roomie, la optimista, que en realidad sólo halló 'buenos'.

Para mí, como para buen adulto, la respuesta se complicó. No hubo 'buenos' separados de 'malos' con bendita obviedad:

1. Me corrieron (así, gacho, aunque no tan gacho como ya verán) de mi anterior departamento. Eso originó que encontrara yo un departamento no tan grande, pero en mejor estado, más cerca de la universidad y sin alfombra por todos lados, con gas estacionario de ese de medidores individuales (¿alguien recuerda mis semanas de baño con agua fría porque el gas no pasaba?)

2. Cuando se originó la mudanza, mi tía decidió que a este lugar tan chiquito ella no se venía y me dejó sola por primera vez en 2 años. A raíz de eso, mi primhermana se volvió mi vecina de habitación, yo hice por primera vez un contrato de arrendamiento a mi nombre y tuve que asumir que ahora el 'adulto responsable' soy yo. Además, me ahorré la lanzada que le dieron por no salirse a tiempo del anterior depto (yep, lanzaron sus cosas... un mes después de que yo me salí).

3. Además, ahora tengo un menaje de casa completito que es mío y a mi gusto: comedor, sala, libreros, una estufita, alacenas que sólo tienen mis trastes y mi despensa. Mi espacio (compartido).

4. Duré 6 meses sobreviviendo con sueldo de profesora principiante, porque en mi anterior centro de trabajo decidieron no volverme a hablar. Gracias a esa decisión, aprendí a vivir con gastos recortados, a administrar mejor mis tarjetas de crédito, conseguí dos ofertas de trabajo muy buenas, desmitifiqué a LA AGENCIA y ahora tengo un trabajo estable como freelance para la Agencia fantasma, en donde estoy trabajando muy a gusto, gracias.

5. Además, comprendí que dar clases es mi prioridad, antes que enriquecerme enormemente trabajando para otra agencia, o que ganar fama, fortuna y prestigio.

6. Encontré a R (o R me encontró a mí). Eso me causa una felicidad grande, y también derrames biliares, contentos súbitos, enojos megatónicos, ternurita, tedio, emoción y todas esas cosas que pueda generar ese asunto de empezar a compartir el espacio con alguien, y con miras a hacerlo durante al menos 10 años (con refrendos sucesivos abiertos). Emparejarme ha sido fuente de estrés, alegría, desesperación y angustia y emoción y paz y todo. Es muy raro y al mismo tiempo muy agradable.

7. R trajo aparejado un universo de gente nueva, diferente, maravillosa (casi todos, jaja). De ahí están saliendo nuevos amigos que al parecer estarán aquí longtemps (al menos una de ellos ya es bien importante en este relajo que tengo de existencia). Lo que se siente cabrón es descubrir que tengo más en común con los amigos que empiezo a conocer, que con aquellos a quienes conocí hace 11 años y con los que de pronto ya tengo tan poco en común... Con sus honrosas excepciones, me llegó la fecha de saber que la gente cambia y el tipo de cariño que le tienes también.

8. Empecé la maestría en Diseño Creativo Digital, por fin. El lado digital me tiene medio sin cuidado, pero el lado de diseño... uf. Espero terminar el próximo año y por fin poder decir que soy MDC en vez de decir que soy LAE. Eso (que es bueno) hizo que el fin del año pasado fuera más estresante que de costumbre, con maestría los sábados y clases y agencia y R entre semana (y R también los fines de semana).

9. Ah, y esas ocupaciones (agencia, R, depto, universidad, maestría) son muy satisfactorias. Pero me quitan tiempo para ver a la gente que quiero. Mi familia ya lo resintió mucho (y yo resiento ese resentimiento y me he vuelto mucho más loner) y yo extraño mucho a mis amigas que hasta hace un año veía con una regularidad brutal de al menos una vez a la semana (o que comíamos diario juntas, por ejemplo). Entonces, siento que he crecido pero también que quiero acercarme de nuevo a mis amigas y que es mi obligación hacerme un espacio para ellas.

10. Bueno de a madres: gracias a R y sus amistades raras, nos cayó un proyecto... en pleno fin de año. Escribimos un librito a 2 manos (3 si contamos que M nos ayudó en nuestra hora de necesidad, con todo y que también andaba como lurias), sobre una de nuestras pasiones en la vida (comer) y fuimos muy felices. El único inconveniente fue el tiraje reducidísimo y que no 'circulará', sino que la asociación que lo pidió lo regalará a sus agremiados... así que sólo tenemos 2 ejemplares. No llegué a los 30 sin escribir mi primer libro... Y con R... Ahora sólo nos falta plantar el árbol... El hijo puede esperar, bien, gracias ;).

En fin, que ese es un buen recuento del narrador (raconteur) y un buen resumen de mi 2007. El 2008 pinta bien, o al menos eso espero. Sé que traerá sorpresas y maravillas y dolores y quebraderos de cabeza y emociones. Así es la vida, o al menos la mía, y me encanta.

Todavía faltan más aventuras, pero esas después. Ahora debo ir a la regadera, al banco, al mercadito y a la Agencia fantasma, en ese orden...

18.1.07

Disolucion

Me gustaría decir que estoy disuelta. Me gustaría, deveras, decir que no sé lo que me pasa. Pero sí sé. Acabo de conocer a un hombre harto increíble, hace cosa de una semana, y ya se transformó en irremediable parte de mi vida.

¿Cómo fue? No sé decirles cómo fue, ni sé explicar lo que pasó, pero me enamoré. Digamos que yo iba a tomarme un café con un amigo a Coyoacán para matar el aburrimiento del viernes en la noche, y de alguna extraña forma esa salida terminó el domingo a las 2 de la tarde, saliendo de casa de mi novio, después de desayunar con él.

Me caí en el agujero del conejo blanco de Alicia en el país de las maravillas... Inesperadamente mi amigo resultó un excelente conversador, un tipo inteligente, divertido, lector apasionado, fan de los Pumas, veracruzanísimo, maduro pero no solemne, buen amigo de sus amigos, trabajador de la cultura (sí, todavía había alguno disponible), entregado, entusiasta, generoso. Neurótico también, de esos de los que hacen "wahwahwah" y luego se les baja (como yo). Gastronauta consumado. Aventurero pero aterrizado. Analítico pero fiel creyente en la serendipia. Experto en ópera pero amante de las cumbias (y sabedor de que se escriben en octosílabos). Propietario del gato más guapo del sur de la ciudad, pero amante de los perros y de otros animales.

Cuando volteamos, ya llevábamos 6 horas juntos y el frío nos estaba queriendo volver locos. Una hora más hasta que nos corrieron de la última taquería abierta de Coyoacán. Caminar hasta el coche, dirigirnos a su coche y terminar escuchando música en él. Ver amanecer juntos en su techo. Hablar de ópera a las 9 de la mañana sin haber dormido. Amigos, familia, sus brazos, "di-me si-tú quisieeeeeras andar con-mi-gooo, uohoho", sí, carcajadas, no siento las manos, mucho espresso. Dormir abrazados. Escuchar su respiración en la mañana. Saber que ronca, y además de eso que respira pesado. No importa.

Ha sido la semana más feliz de los últimos años. Ya hasta se me había olvidado lo que se sentía ser así de feliz, estar así de enamorada... tanto he insistido en el concepto ése de la complicidad entre amantes más allá de lo físico (sí, esa complicidad emocional e intelectual que implica compartir en una mirada muchas cosas, en una noche pláticas eternas), que ahora que por fin se cumple sigo creyendo que lo soñé.

Se llama RdR y su nombre está entre admiraciones en mi agenda.

Todos creen que estoy loca. Tienen razón.

Me dicen que sea cauta.

No saben lo que dicen.

Si me parto la madre mayúsculamente, habrá valido la pena.

Prometo, solemnemente, aprender a nadar.

10.11.06

Ultima actualizacion, claro.

No sé que me pasa, pero en cuanto mi vida se pone vertiginosa dejo el blog y me vuelco en el flog. Eso me pasó la última semana.

En la actualización anterior, yo tenía un trabajo relativamente estable como investigador freelance en una compañía de investigación de mercados, había repartido algunos CV's en escuelas y estaba inmune al sentimiento (Soy insensible/a heridas de amor/jamás exclamo/un "ay" de dolor, uoouo, Juanga dixit). Había vacacionado un poco con mi familia y tenía un par de semanas tranquilas frente a mí...

Para esta actualización yo ya no estoy tan segura de seguir trabajando para la agencia, ya llevo 2 semanas dando clases de semiótica en una universidad chiquita y mona, y por supuesto ya hubo una aventura sentimental que al parecer sólo fue eso: una aventura.

En la útlima actualización comenté sobre eso de darle baje a la tercera parte del equipo de trabajo. Salí de aquí con esa sensación de "everything's fucked up" y no se me ha quitado. Pero también es la sensación de que las cosas están cambiando y no es precisamente para bien, aunque también hay corrientes de cambio que tiran hacia allá... Caí en cuenta de que hace rato que no tengo otro trabajo que no sea el de mi adorado cliente internacional. Mhmmm. No, pues no.

Ese mismo día en la noche me llamaron para una entrevista en la universidad que más me había latido. El martes en la mañana me presenté y menos de 12 horas después ya había terminado con mi primera clase. Por supuesto, de semiótica. Ahora me siento tentada a darle la razón a todos mis ex empleadores y algunos de mis colegas: deveras, no sé nada de semiótica. Lo bueno es que le entiendo, investigo y les explico a los alumnos...

En fin, que ya soy "profesora", oficialmente así se refiere a mí todo el personal de la universidad... se siente rarísimo, pero raro bien.

Y sobre el corazón: el miércoles en la noche fui al cine, y justo antes de entrar recibí la llamada de un amigo que conocí hace 10 años (y que me gustó cuando lo conocí, aunque finalmente no pasó nada), que perdí hace 5 y reencontré hace apenas un mes o algo así. Me invitaba a una fiesta de disfraces con sus amigos del trabajo.

Ah, pues la fiesta fue hórrida, pero él y yo no parábamos de vernos a los ojos y de sonreírnos y de coquetearnos. Al día siguiente salimos a Coyoacán y descubrí lo agradable que es redescubrir a tu amor platónico de hace años. Platicamos de todo, nos abrazamos, comimos algodón de azúcar... Para las 3 de la mañana ya nos habíamos besado y habíamos hablado de nuestras vidas, la música que nos gusta, las muchas cosas que podíamos hacer juntos... y de si a mí me importaba que él tuviera novia o no.

Pues sí, me importa, pero esto fue tan rápido que tampoco puedo armar un drama.

Hubo mensajes escritos el viernes, el domingo, el lunes... y ya. No quiero hablarle. El mensaje del domingo fue mío, aunque si fueran turnos sería el mío... No lo haré. No lo haré. Viví sin él 10 años y puedo volver a vivir sin él de ser necesario. No quiero que, además de haber confesado que cuando lo conocí me gustaba, sea yo la que lo busca, la que lo llama.I can't be the needful one again.

Me pude haber enamorado de él. Ahora ya más bien soy Loreta Salino: "Esto no puede durar... y no duró ni una semana la mascarada. El primer beso de sus labios fue tan triste que casi no fue; y aún así atesoro la idea de un segundo más junto a su boca..."

Entonces, en un par de semanas lejos del blog me casienamoré y ahora estoy viviendo el "fue bonito, pero ya fue".

¡La próxima vez que vean que no actualizo, sepan que mi vida está tan interesante que no tengo tiempo para venir a perderlo en el blog!