Pseeee... ya sé que qué gastado y qué cursi escribir sobre el día del maestro. Es como la composición sobre "La vaca", o como decía alguien en Mafalda: "La vaca nos da la leche..." ¿¡Y la de tinta que nos chupa?!
No puedo evitar el tema. Más bien, no quiero evitarlo. Resulta que yo supe que daría clases en licenciatura como a los 3 o 4 años de edad, cuando mi papá era profesor y me llevaba a acompañarlo. Recuerdo vagamente que era divertido, también me acuerdo que mientras él daba clase, yo me trepaba en la silla o en el escritorio y empezaba a rayonear el pizarrón de manera muy diligente. Ya más grande, me daba una libreta —uno de esos cuadernos Scribe viejitos, mostaza con una raya café y la otra blanca, o azul claro con azul marino y blanco— y me sentaba en una banca de universitario... No recuerdo nada de sus clases, pero sí puedo revivir todavía esa sensación que me quedaba al final del día, cuando salíamos del salón y los alumnos le hacían la plática: una mezcla de curiosidad y orgullo; ganas repentinas de "ser grande".
Hay momentos en los que estoy totalmente convencida de que terminé una licenciatura sólo para poder ser profesor de universidad. Nunca quise ser "miss" de primaria o secundaria, probablemente porque mi paciencia es de mecha corta. En algún momento consideré dar clases en preparatoria, pero la mera verdad fue sólo por 10 minutos... Cada vez que estaba por renunciar a un trabajo, pensaba: "Ahora a lo mejor si puedo dar clases" y ñeh, tómala. Eso hasta la última renuncia, la grande, la definitiva: cuando mandé a las oficinas a la veeeeerrrga.
En ese momento decidí que lo único que quedaba ahora que había quemado las naves era hacerme caso, por fin. Y emepcé a tocar puertas. Oí de todo: "Necesitas tener maestría", "Tu currículum está padre, pero necesitamos que tengas 2 años de experiencia", "Deja tu currículum y cuando la persona responsable lo vea te llamamos"... Dejé lo mejor para el final: esa universidad chiquita que quedaba a 5 minutos de mi casa. Menos de un mes después, ya se me había hecho realidad el sueño, y daba clases de semiótica a un par de grupos de diseñadores.
Hasta la fecha, con lo cansado que resulta a veces, y lo frustrante y emputecedor que puede resultar lidiar con algunos alumnos, algunos maestros, algunas decisiones (ya saben, Coppelia en pie de guerra contra la indolencia, la ignorancia y la burocracia) creo que esa es la mejor decisión de mi vida.
Pero no es sólo eso: este jueves, para hacer todavía mejor el día del Maestro, en la universidad decidieron hacer una ceremoniaa solemne en honor al decano de nuestra HH institución... El Doctor tiene todos los años de la escuela dando clases, y es todo un personaje. Es psiquiatra, abogado, publicista, escritor y encarna totalmente la noción de docencia. Cuando entra a la biblioteca con su traje de tres piezas, la gabardina impecablemente doblada sobre el antebrazo y su bastón en la mano, es como si se hubiera salido de una película. Tiene obsesiones maravillosas y fama de exigente; los alumnos lo respetan, le temen un poco y los más listos lo admiran.
Desde este jueves, la biblioteca se llama Dr. Francisco D'Egremy Alcázar.
Obvio, durante el homenaje lloré como la magdalena. Esa abrumadora sensación de una vida bien vivida y bien dedicada a la docencia fue saber de pronto a qué le quiero dedicar los siguientes 30 años... Ojalá en ese tiempo llegue a ser la mitad de buena que el buen doctor. Ya les dije, soy fan...
Tengo mucho que agradecerle a mis maestros: el primero, mi papá. De ahí en adelante están muchos más: Mimí, Carmelita, Coty, Adela, Norma, Alma, Cristina, Minerva, Ofelia, el prof. Molécula (daba física), Eduardo, Droopy (de ética), Socorro (mi abuela adoptiva), Bruno, Enrique, Gabriel, Marlene (pese a todo), Marycarmen, Victoria, Jud, Paty 1 y Paty 2... Ahora aprendo de mis colegas. Todo el tiempo. Y creo que ellos ni cuenta se dan, pero así es. Soy eterna aprendiz para ser cada vez mejor docente. Eso espero. Espero que mis días del maestro sean muchos, muchos más...
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17.5.08
7.4.08
Brit.
Hay ocasiones en las que el pasado regresa y le tienes que atrancar la puerta, porque el muy despreciable decide colarse con su tufo más apestoso y traer lo peor de sí. Ah, pero hay otras ocasiones en que viene decente, bañado, arreglado y perfumado, y le abres la puerta y te trae un trozo de la vida que se te cayó en algún momento y que creíste que nunca ibas a recuperar. En esos momentos amas que regrese... o al menos yo sí lo amé.
Ya lo había escrito en mi meme de cumpleaños (y en realidad no lo escribí yo, lo escribió Pitol): uno es su niñez, su familia, unos cuantos amigos... En ese mismo meme, mencioné el Morelos (la escuela en la que hice los tres primeros años de primaria), Tacuba (la colonia en la que estaba esa escuela) y a Britannia, Roberto Carlos y Carlos Alberto, Enrique y Jorge Arturo (mis amigos más cercanos de esa época). En resumen, que yo no sería yo sin ellos.
En el Morelos hice de todo, aprendí de amistad, de compañerismo, supe que ser inteligente no es lo mismo que ser ñoño, tuve todo el espacio para correr que quise, tuve amigos de todos los tipos. Me sabía respetada y querida y acompañada. Pero todo termina... Cuando llegó el momento de pasar a cuarto, mis papás decidieron que la escuela estaba muy lejos y que el nivel "no era todo lo que ellos quisieran"... y me cambiaron de escuela. Fts. ¿Cómo explicar lo que pasó? Nunca pude avisarle a mis amigos que ese había sido nuestro último año escolar juntos, así que los perdí por completo. Entré a una escuela en donde por ser lista y ser nueva tuve que pagar el precio 6 años, y aunque pasé las de Caín (eso de ser el puerquito no se lo deseo ni a los que me jodieron la secundaria entera) en realidad terminó por configurar quien soy ahora: todoterreno, lectora ensimismada, valiente (pese a todo), llena de un humor autorreferenciado. También me insertaron mis inseguridades eternas, pero bueno, ya qué...
De todos mis dolores, el único que no había elaborado nunca fue perder a mis amigos. Entre ellos, Britannia: era una siempre sorprendente chispa de energía, mi otro yo, la perfecta cómplice. Éramos tremendas juntas, nos encantaba hacer cosas nuevas, y aunque vivíamos con alma de protagonistas, nunca nos peleamos, al contrario. Britannia lograba sacar siempre lo mejor de mí, y tenía ideas que a nadie más se le ocurrían. La recuerdo en casa de mis papás, vestida con un vestido mío, pintándose la cara, para "estar lista". No hubo una persona que añorara más durante el paso a sexto de primaria, ni durante mi pavorosa secundaria.
Desde la preparatoria renuncié a volverla a encontrar: la vida ya había hecho su parte y vivimos en una ciudad de muchos millones de habitantes. Logré consolarme con la idea de que habríamos cambiado tanto que reencontrarnos ya sería una tontería, y así vivían felices mis recuerdos, aunque adoloridos por esa pieza faltante en el rompecabezas. Sin embargo, cuando Google llegó al rescate, lo intenté de nuevo: un par de veces, un par de veces más... en realidad cada que me ponía a buscar gente (es un buen mal vicio). En fin, nada... hasta que hace un par de semanas ella me ganó y localizó mi antiguo sitio de internet. Vivíamos con el mismo hueco la una de la otra, parece.
Hemos hablado por teléfono ya un par de veces, y el sábado nos vimos de nuevo por primera vez. Sigue siendo una chispa, ahora canalizada a una familia muy padre; tiene un hijo que es de nuevo ella pero con correcciones de fecha y de quien ya soy fan. Sigue siendo una apasionada de los animales y rescata cuanto perro encuentra. Se sigue disfrazando y maquillando, pero ahora hace de eso un modo de vida: anima fiestas (y es perfecta). Conserva el sentido del humor, las pecas y la sonrisa enorme. Hemos planeado una salida el jueves "en familia" para comer y jugar con el sobrino (ya es mi sobrino) y demás. Fueron casi 12 horas de plática, que todavía no compensan los 21 años sin vernos. Sin embargo, dentro no se siente que haya pasado tanto tiempo.
Mi agradecimiento con la vida está a tope. Y me estoy empezando a sentir completa...
Ya lo había escrito en mi meme de cumpleaños (y en realidad no lo escribí yo, lo escribió Pitol): uno es su niñez, su familia, unos cuantos amigos... En ese mismo meme, mencioné el Morelos (la escuela en la que hice los tres primeros años de primaria), Tacuba (la colonia en la que estaba esa escuela) y a Britannia, Roberto Carlos y Carlos Alberto, Enrique y Jorge Arturo (mis amigos más cercanos de esa época). En resumen, que yo no sería yo sin ellos.
En el Morelos hice de todo, aprendí de amistad, de compañerismo, supe que ser inteligente no es lo mismo que ser ñoño, tuve todo el espacio para correr que quise, tuve amigos de todos los tipos. Me sabía respetada y querida y acompañada. Pero todo termina... Cuando llegó el momento de pasar a cuarto, mis papás decidieron que la escuela estaba muy lejos y que el nivel "no era todo lo que ellos quisieran"... y me cambiaron de escuela. Fts. ¿Cómo explicar lo que pasó? Nunca pude avisarle a mis amigos que ese había sido nuestro último año escolar juntos, así que los perdí por completo. Entré a una escuela en donde por ser lista y ser nueva tuve que pagar el precio 6 años, y aunque pasé las de Caín (eso de ser el puerquito no se lo deseo ni a los que me jodieron la secundaria entera) en realidad terminó por configurar quien soy ahora: todoterreno, lectora ensimismada, valiente (pese a todo), llena de un humor autorreferenciado. También me insertaron mis inseguridades eternas, pero bueno, ya qué...
De todos mis dolores, el único que no había elaborado nunca fue perder a mis amigos. Entre ellos, Britannia: era una siempre sorprendente chispa de energía, mi otro yo, la perfecta cómplice. Éramos tremendas juntas, nos encantaba hacer cosas nuevas, y aunque vivíamos con alma de protagonistas, nunca nos peleamos, al contrario. Britannia lograba sacar siempre lo mejor de mí, y tenía ideas que a nadie más se le ocurrían. La recuerdo en casa de mis papás, vestida con un vestido mío, pintándose la cara, para "estar lista". No hubo una persona que añorara más durante el paso a sexto de primaria, ni durante mi pavorosa secundaria.
Desde la preparatoria renuncié a volverla a encontrar: la vida ya había hecho su parte y vivimos en una ciudad de muchos millones de habitantes. Logré consolarme con la idea de que habríamos cambiado tanto que reencontrarnos ya sería una tontería, y así vivían felices mis recuerdos, aunque adoloridos por esa pieza faltante en el rompecabezas. Sin embargo, cuando Google llegó al rescate, lo intenté de nuevo: un par de veces, un par de veces más... en realidad cada que me ponía a buscar gente (es un buen mal vicio). En fin, nada... hasta que hace un par de semanas ella me ganó y localizó mi antiguo sitio de internet. Vivíamos con el mismo hueco la una de la otra, parece.
Hemos hablado por teléfono ya un par de veces, y el sábado nos vimos de nuevo por primera vez. Sigue siendo una chispa, ahora canalizada a una familia muy padre; tiene un hijo que es de nuevo ella pero con correcciones de fecha y de quien ya soy fan. Sigue siendo una apasionada de los animales y rescata cuanto perro encuentra. Se sigue disfrazando y maquillando, pero ahora hace de eso un modo de vida: anima fiestas (y es perfecta). Conserva el sentido del humor, las pecas y la sonrisa enorme. Hemos planeado una salida el jueves "en familia" para comer y jugar con el sobrino (ya es mi sobrino) y demás. Fueron casi 12 horas de plática, que todavía no compensan los 21 años sin vernos. Sin embargo, dentro no se siente que haya pasado tanto tiempo.
Mi agradecimiento con la vida está a tope. Y me estoy empezando a sentir completa...
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3.12.07
Las sumas que soy yo.
Uno, me aventuro, es los libros que ha leído,
El Quijote animado, los libros de leyendas, las fábulas de Monterroso; Doce cuentos en contra, El nombre de la rosa, el libro de la imaginación. Rayuela, La vía del tarot, Mitologías, los cuentos de sufíes; Ciudades invisibles, La odisea, Alicia en el país de las maravillas, los cuentos de Cortázar, las novelas de Auster (Mr. Vértigo más), la poesía de Neruda y de Sabines.El mundo de Sofía.
la pintura que ha visto,
Los exvotos de iglesia, los graffittis en la calle. Cuatro o tres de Remedios, dos o tres de Leonora. El cuadro de Miró que sólo es blanco y negro y dice "azul" a lápiz. Rodolfo Morales. Chagall que nunca ha sido en vivo, el libro de Matisse que le robé a mis padres; los cuadros de Dalí que vi hace mucho tiempo. El Centro Cultural Arte Contemporáneo. El marco en Monterrey. Ese Monet que vi de cerca cuando niña. El beso, de Gustav.
la música escuchada y olvidada,
La Zarzamora y la extrañeza que le producía a mi bisabuelo que yo me la supiera. Turandot. Mi abuela arrullándome con versos que nadie más recuerda. Al final a dúo con mi papá. Payasos. Drume negrita cantada por R. La primera vez que escuche una ópera (no recuerdo cual). Mi vals. Leticia Servín lo mismo que Kiss y Carlos Cuevas igual que los Ángeles Azules. Sabina y Serrat mientras los dos llorábamos y comprendíamos que estábamos hechos para estar unidos. Glenn Miller y mi abuelo. Message in a bottle. Los discos de Sandwich en mi adolescencia. Las canciones que escribí cuando era niña y que cantaba sin saber recuperarlas.
las calles recorridas.
Guanajuato bajo la piel. El alma y mi abuela en Veracruz puerto. Puebla a solas. Las plazas centrales de Morelia y Pátzcuaro, y San Juan Parangaricútiro, sin calles ya. Coyoacán. Av. Tamaulipas; Alfonso Reyes, Luz Saviñón, Torres. La calle de mi escuela. Santa María Regla (ora pro nobis). San Miguel de Allende. Taxco y el asma progresiva subiendo por mi pecho. Jardín. Golfo de Campeche. Lauro Aguirre. Tacuba. Lago Viedma.
Uno es su niñez,
El Morelos, los scouts, mis lecturas. Los dibujos de mi abuelo, las manos de mi abuela, los columpios de su casa. Mi papá jugando, haciéndome reír. Los salones de clase de la universidad en la que fue maestro. Mi mamá siendo público de mis historias. Los recortes, los dibujos, las muñecas de papel. Las Barbies,también. Muñecos de peluche y amenazas de asma. Agujas de acupuntura, mi almohada azul, mis primos que corren alrededor del patio. Mi hermano en bicicleta. Las colecciones de todo en general, los álbumes de estampas. Las crayolas Carmen. Los Pitufos, Mazinger Z, jugar a Cleopatra en el patio del colegio.
su familia,
Mi hermano, mis primos. Mis padres, el Chato, mi Tita, el abuelo que nunca conocí pero que fue maestro. Mi tía la que se perfumaba con Ma Griffe y me consentía de cabo a rabo. MI tía la independiente, que se transformó de un polo a otro en algún momento de su vida. El tío que es profesor cuasiemérito, El Diablo. Mi tío, casi mi abuelo. Toda la tiada de las navidades. Mi tío el que baila, y sonríe, y abraza y le cambia la vida a la gente y organiza fiestas de disfraces. Mi bisabuela. Mis tíos los del aniversario 50 de casados y sus ojos al bailar uno con otro. Mi abuelo Heriberto, que la vida me repuso muy a tiempo. Mis tíos adoptivos del lado paterno, que son una presencia constante aunque poco frecuente. El abuelo Fernando, que me diría "reaccionaria peligrosa", y la abuela Beatriz, que tocaba el piano aunque nunca la oí. Mi Galleta malvada.
unos cuantos amigos,
Sin orden ni concierto, sin más motivo que haber dejado algo: Britania, Roberto Carlos y Carlos Alberto, Enrique, Jorge Arturo, Vania, Luz, Desirée, Gustavo, Piolo, Eduardo, Erick, Liliana, Tania, Karina, Mónica, Paos, Marco, Luis, Gabriel, Marina, Noé, Paola, Roberto.
algunos amores,
R sobre todos. A, que me enseñó lo que era ser amada. El niño del kinder que no me miraba. I, que puso ante mis ojos lo que quería tener antes de tiempo. Ray, que en encuentro y desencuentro me enseñó a sanar y lo tristes que son las heridas siempre abiertas.
bastantes fastidios.
Trabajar en oficinas. Haber estudiado administración. Hacer filas. Llenar formatos. Cargar pilas. Olvidar las cosas. Tratar con pendejos. Obedecer reglas sin sentido. Tratar con el gobierno. Que quieran mangonearme. No encontrar nada en la tv. Que el internet no sirva. Estar bloqueada. Perderme una peli. Dejar un libro a la mitad. La gente pretenciosa. No encontrar lo que quiero. Obsesionarme con cosas inútiles. Que mi gato me despierte a punta de maullidos. Llegar tarde. El tráfico pesado.
Uno es una suma mermada por infinitas restas.
Esta soy yo. Le paso mi recién inventado meme de cumpleaños a Monique, si tiene tiempo. Si no, ya lo amé suficiente.
El Quijote animado, los libros de leyendas, las fábulas de Monterroso; Doce cuentos en contra, El nombre de la rosa, el libro de la imaginación. Rayuela, La vía del tarot, Mitologías, los cuentos de sufíes; Ciudades invisibles, La odisea, Alicia en el país de las maravillas, los cuentos de Cortázar, las novelas de Auster (Mr. Vértigo más), la poesía de Neruda y de Sabines.El mundo de Sofía.
la pintura que ha visto,
Los exvotos de iglesia, los graffittis en la calle. Cuatro o tres de Remedios, dos o tres de Leonora. El cuadro de Miró que sólo es blanco y negro y dice "azul" a lápiz. Rodolfo Morales. Chagall que nunca ha sido en vivo, el libro de Matisse que le robé a mis padres; los cuadros de Dalí que vi hace mucho tiempo. El Centro Cultural Arte Contemporáneo. El marco en Monterrey. Ese Monet que vi de cerca cuando niña. El beso, de Gustav.
la música escuchada y olvidada,
La Zarzamora y la extrañeza que le producía a mi bisabuelo que yo me la supiera. Turandot. Mi abuela arrullándome con versos que nadie más recuerda. Al final a dúo con mi papá. Payasos. Drume negrita cantada por R. La primera vez que escuche una ópera (no recuerdo cual). Mi vals. Leticia Servín lo mismo que Kiss y Carlos Cuevas igual que los Ángeles Azules. Sabina y Serrat mientras los dos llorábamos y comprendíamos que estábamos hechos para estar unidos. Glenn Miller y mi abuelo. Message in a bottle. Los discos de Sandwich en mi adolescencia. Las canciones que escribí cuando era niña y que cantaba sin saber recuperarlas.
las calles recorridas.
Guanajuato bajo la piel. El alma y mi abuela en Veracruz puerto. Puebla a solas. Las plazas centrales de Morelia y Pátzcuaro, y San Juan Parangaricútiro, sin calles ya. Coyoacán. Av. Tamaulipas; Alfonso Reyes, Luz Saviñón, Torres. La calle de mi escuela. Santa María Regla (ora pro nobis). San Miguel de Allende. Taxco y el asma progresiva subiendo por mi pecho. Jardín. Golfo de Campeche. Lauro Aguirre. Tacuba. Lago Viedma.
Uno es su niñez,
El Morelos, los scouts, mis lecturas. Los dibujos de mi abuelo, las manos de mi abuela, los columpios de su casa. Mi papá jugando, haciéndome reír. Los salones de clase de la universidad en la que fue maestro. Mi mamá siendo público de mis historias. Los recortes, los dibujos, las muñecas de papel. Las Barbies,también. Muñecos de peluche y amenazas de asma. Agujas de acupuntura, mi almohada azul, mis primos que corren alrededor del patio. Mi hermano en bicicleta. Las colecciones de todo en general, los álbumes de estampas. Las crayolas Carmen. Los Pitufos, Mazinger Z, jugar a Cleopatra en el patio del colegio.
su familia,
Mi hermano, mis primos. Mis padres, el Chato, mi Tita, el abuelo que nunca conocí pero que fue maestro. Mi tía la que se perfumaba con Ma Griffe y me consentía de cabo a rabo. MI tía la independiente, que se transformó de un polo a otro en algún momento de su vida. El tío que es profesor cuasiemérito, El Diablo. Mi tío, casi mi abuelo. Toda la tiada de las navidades. Mi tío el que baila, y sonríe, y abraza y le cambia la vida a la gente y organiza fiestas de disfraces. Mi bisabuela. Mis tíos los del aniversario 50 de casados y sus ojos al bailar uno con otro. Mi abuelo Heriberto, que la vida me repuso muy a tiempo. Mis tíos adoptivos del lado paterno, que son una presencia constante aunque poco frecuente. El abuelo Fernando, que me diría "reaccionaria peligrosa", y la abuela Beatriz, que tocaba el piano aunque nunca la oí. Mi Galleta malvada.
unos cuantos amigos,
Sin orden ni concierto, sin más motivo que haber dejado algo: Britania, Roberto Carlos y Carlos Alberto, Enrique, Jorge Arturo, Vania, Luz, Desirée, Gustavo, Piolo, Eduardo, Erick, Liliana, Tania, Karina, Mónica, Paos, Marco, Luis, Gabriel, Marina, Noé, Paola, Roberto.
algunos amores,
R sobre todos. A, que me enseñó lo que era ser amada. El niño del kinder que no me miraba. I, que puso ante mis ojos lo que quería tener antes de tiempo. Ray, que en encuentro y desencuentro me enseñó a sanar y lo tristes que son las heridas siempre abiertas.
bastantes fastidios.
Trabajar en oficinas. Haber estudiado administración. Hacer filas. Llenar formatos. Cargar pilas. Olvidar las cosas. Tratar con pendejos. Obedecer reglas sin sentido. Tratar con el gobierno. Que quieran mangonearme. No encontrar nada en la tv. Que el internet no sirva. Estar bloqueada. Perderme una peli. Dejar un libro a la mitad. La gente pretenciosa. No encontrar lo que quiero. Obsesionarme con cosas inútiles. Que mi gato me despierte a punta de maullidos. Llegar tarde. El tráfico pesado.
Uno es una suma mermada por infinitas restas.
Esta soy yo. Le paso mi recién inventado meme de cumpleaños a Monique, si tiene tiempo. Si no, ya lo amé suficiente.
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7.3.07
In-docencias.
Ah, la feliz vida de un profesor universitario.
Desde que tenía algo así como 4 o 5 años supe que yo quería dar clases en una universidad. Le echaré la culpa a mi señorpadre.net, que me llevaba irresponsablemente a dar la lata mientras él impartía cátedra en una universidad harto patito (en la que años después yo dejaría una carrera a medio estudiar). Recuerdo la felicidad que me causaba hacer dibujos en un pizarrón mientras que él intentaba atraer la atención de sus alumnos. Recuerdo también la emoción que sentía al ver la interacción que tenía con los estudiantes, algo que extrañé durante la mitad de mi vida estudiantil (en la primaria siempre deseé que me trataran como un adulto miniatura, ja).
Durante años largos pospuse el sueño. Primero, porque no me sentía suficientemente preparada. Después, porque empeñé mi vida a corto plazo con la jefa que vino del infierno (ah, sí, Pili y su revista que amé y ahora ya no sé si me gusta o me disgusta y su agencia de locos) y después porque me chuté un año deprimida, trabajando en la otra agencia, tratando de definir qué quería de mi vida.
Bueno, cuando me decidí por fin, desembarqué en la docencia y le he invertido bastante energía. Vamos, que algo por lo que me paro a las 6 de la mañana más vale que me guste o medio me satisfaga... O al menos eso es lo que he creído en los últimos meses.
Llevo jugando al profesor universitario desde noviembre del año pasado, con resultados medianitos. Algunos alumnos me detestan, otros me quieren bien, uno que otro sospecha que soy un fraude (algo de razón tiene, que ni qué... es lo que pasa cuando tomas una materia a la mitad) y la mayoría son tan indiferentes a mí commo yo a ellos. En suma, que soy una profesora promedio, trabajando en una universidad promedio.
Ah, pero cuando se me juntan los factores... En realidad estoy bien consciente de que tengo pocos alumnos que valgan la pena el esfuerzo. Por ejemplo, las clases de mercadotecnia estratégica las preparo por un solo alumno entre los 12 que tengo. En Comportamiento del consumidor, preferiría hablar de libros con mi única alumna que perder el tiempo tratando de interesar en la materia al bloque de piedras que la rodea. En lo que se refiere a semiótica, tengo un grupo bueno a secas (aunque debo confesar que son de sangre bien ligera, así que los quiero en lo personal) y un grupo terriblemente mediocre, en donde mis dos alumnos brillantes literalmente destellan. En semiótica de la publicidad, cuatro alumnos que a veces son cinco, tienen un carisma terrible pero son incapaces de demostrar interés por nada. Proceso administrativo es mi cruz, la materia que nunca llevé en la carrera y que ahora imparto a 15 alumnos a los que les interesa tanto como a mí.
Ayer fue el día que vino del infierno. Último día con el collarín. Martes, proverbialmente pesado porque empieza a las 7 de la mañana y termina a las 10 de la noche. El grupo mediocre de semiótica. Y yo encargándoles escribir un ensayo después de leer un libro. Por supuesto, no leyeron, y al menos dos de los trabajos bajaron directamente de internet... Y eso no fue lo peor: el grupo al que ya había pescado en la trampa (los imbéciles iban platicándolo en la escalera, justo frente a mí, el día anterior) se puso terriblemente insolente, se pelearon a gritos conmigo... y luego fueron a hablar con la directora, fingiendo preocupación por su calificación (que, strictu sensu, le correspondería a la investigadora Gilda Flores Rosales). Acto seguido, llamada de la dirección para hablar conmigo: por favor, sé razonable, permíteles arreglar el asunto.
¿Cómo le explico a la directora que no pretendo permitir que otra pandilla de mediocres salgan de mi materia sin saber un pito? Pues de ninguna manera. Sonrío, aguanto vara y le digo que si los muchachos me buscan, les propondré una solución. En la noche, le platico a R mi deprimente caso, y me regaña por creer que mis alumnos son personas... Algo de razón tiene. Sin embargo, me puso enormemente triste pensar en ser una de esas "maquinitas de memorizar" en las que me propone transformarme. No quiero que mis alumnos salgan de mi materia absolutamente carentes de sentido crítico. No quiero que los que tienen posibilidades de abrir sus horizontes queden limitados por estudiar entre imbéciles.
La sola perspectiva de llegar hoy a recibir trabajos mediocres me descorazonaba. Gracias, Dios, por poner al grupo bueno después del grupo pinche. Éstos prefirieron que invirtiéramos la hora en dar una revisión previa a sus trabajos. Hubo algunos que tenían material chido. Ya recuperé la fe en la labor docente, en las posibilidades de impartir una materia en forma tal que generen ideas propias. Ahora sólo me falta ir con la directora teniendo las pruebas del plagio absoluto en la mano: "lo siento, yo no puedo dejar pasar un fraude académico de este tamaño en mi materia".
Tengo que calificar un chorro. Tengo que leer los otros "ensayos" para ver qué tan inútiles están el resto de los alumnos. Y tengo que recuperarme, ¿dónde se ha visto que los profesores se conflictúen por descubrir que sus alumnos son unos absolutos patanes y unos perfectos imbéciles? ¡Vaya labor titánica que tengo pendiente!
Desde que tenía algo así como 4 o 5 años supe que yo quería dar clases en una universidad. Le echaré la culpa a mi señorpadre.net, que me llevaba irresponsablemente a dar la lata mientras él impartía cátedra en una universidad harto patito (en la que años después yo dejaría una carrera a medio estudiar). Recuerdo la felicidad que me causaba hacer dibujos en un pizarrón mientras que él intentaba atraer la atención de sus alumnos. Recuerdo también la emoción que sentía al ver la interacción que tenía con los estudiantes, algo que extrañé durante la mitad de mi vida estudiantil (en la primaria siempre deseé que me trataran como un adulto miniatura, ja).
Durante años largos pospuse el sueño. Primero, porque no me sentía suficientemente preparada. Después, porque empeñé mi vida a corto plazo con la jefa que vino del infierno (ah, sí, Pili y su revista que amé y ahora ya no sé si me gusta o me disgusta y su agencia de locos) y después porque me chuté un año deprimida, trabajando en la otra agencia, tratando de definir qué quería de mi vida.
Bueno, cuando me decidí por fin, desembarqué en la docencia y le he invertido bastante energía. Vamos, que algo por lo que me paro a las 6 de la mañana más vale que me guste o medio me satisfaga... O al menos eso es lo que he creído en los últimos meses.
Llevo jugando al profesor universitario desde noviembre del año pasado, con resultados medianitos. Algunos alumnos me detestan, otros me quieren bien, uno que otro sospecha que soy un fraude (algo de razón tiene, que ni qué... es lo que pasa cuando tomas una materia a la mitad) y la mayoría son tan indiferentes a mí commo yo a ellos. En suma, que soy una profesora promedio, trabajando en una universidad promedio.
Ah, pero cuando se me juntan los factores... En realidad estoy bien consciente de que tengo pocos alumnos que valgan la pena el esfuerzo. Por ejemplo, las clases de mercadotecnia estratégica las preparo por un solo alumno entre los 12 que tengo. En Comportamiento del consumidor, preferiría hablar de libros con mi única alumna que perder el tiempo tratando de interesar en la materia al bloque de piedras que la rodea. En lo que se refiere a semiótica, tengo un grupo bueno a secas (aunque debo confesar que son de sangre bien ligera, así que los quiero en lo personal) y un grupo terriblemente mediocre, en donde mis dos alumnos brillantes literalmente destellan. En semiótica de la publicidad, cuatro alumnos que a veces son cinco, tienen un carisma terrible pero son incapaces de demostrar interés por nada. Proceso administrativo es mi cruz, la materia que nunca llevé en la carrera y que ahora imparto a 15 alumnos a los que les interesa tanto como a mí.
Ayer fue el día que vino del infierno. Último día con el collarín. Martes, proverbialmente pesado porque empieza a las 7 de la mañana y termina a las 10 de la noche. El grupo mediocre de semiótica. Y yo encargándoles escribir un ensayo después de leer un libro. Por supuesto, no leyeron, y al menos dos de los trabajos bajaron directamente de internet... Y eso no fue lo peor: el grupo al que ya había pescado en la trampa (los imbéciles iban platicándolo en la escalera, justo frente a mí, el día anterior) se puso terriblemente insolente, se pelearon a gritos conmigo... y luego fueron a hablar con la directora, fingiendo preocupación por su calificación (que, strictu sensu, le correspondería a la investigadora Gilda Flores Rosales). Acto seguido, llamada de la dirección para hablar conmigo: por favor, sé razonable, permíteles arreglar el asunto.
¿Cómo le explico a la directora que no pretendo permitir que otra pandilla de mediocres salgan de mi materia sin saber un pito? Pues de ninguna manera. Sonrío, aguanto vara y le digo que si los muchachos me buscan, les propondré una solución. En la noche, le platico a R mi deprimente caso, y me regaña por creer que mis alumnos son personas... Algo de razón tiene. Sin embargo, me puso enormemente triste pensar en ser una de esas "maquinitas de memorizar" en las que me propone transformarme. No quiero que mis alumnos salgan de mi materia absolutamente carentes de sentido crítico. No quiero que los que tienen posibilidades de abrir sus horizontes queden limitados por estudiar entre imbéciles.
La sola perspectiva de llegar hoy a recibir trabajos mediocres me descorazonaba. Gracias, Dios, por poner al grupo bueno después del grupo pinche. Éstos prefirieron que invirtiéramos la hora en dar una revisión previa a sus trabajos. Hubo algunos que tenían material chido. Ya recuperé la fe en la labor docente, en las posibilidades de impartir una materia en forma tal que generen ideas propias. Ahora sólo me falta ir con la directora teniendo las pruebas del plagio absoluto en la mano: "lo siento, yo no puedo dejar pasar un fraude académico de este tamaño en mi materia".
Tengo que calificar un chorro. Tengo que leer los otros "ensayos" para ver qué tan inútiles están el resto de los alumnos. Y tengo que recuperarme, ¿dónde se ha visto que los profesores se conflictúen por descubrir que sus alumnos son unos absolutos patanes y unos perfectos imbéciles? ¡Vaya labor titánica que tengo pendiente!
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22.9.06
Me siento...
Feliz porque terminé el 80% del artículo que tenía que entregar para hoy, aunque olvidé hablar de temas bien importantes (Latin Lover y Betty-Lety) que tenía en la cabeza y se me borraron.
Enojada porque me sacaron de un proyecto gracias a mi turbio pasado en la empresa de Medusa. Eso implica que igual estaré corriendo con trabajo y ver que las sesiones entren y etcétera, pero no analizaré ni moderaré (que es lo que me gusta hacer). Me quedé con la peor parte de la chamba, gracias a un proyecto en el que participé de forma marginal hace año y medio, ¡Ufa!
Indecisa sobre si lanzarme al centro aunque vaya sola, nomás por el gusto de hacerlo, o largarme al cine a ver "Señora Venganza" yo solita, nomás porque quiero verla pero no quiero invitar a T y L ya la vio en preestreno pirata.
Monísima, porque me peiné de dos colitas hoy y me siento hecha una nena.
Ayer fui con M y con Do a cobrar el cheque de M a uno de los medios en los que escribe. Huimos a las 2 de la tarde de la Condesa, tomamos un taxi, mareamos al taxista con nuestros comentarios sobre si la revista Chispa era mejor que Grita fuerte (hell-fucking-yeah), si el Caballito es un caballo completo o es sólo la cabeza o es un debraye amarillo, sobre como las horrendas esculturas de Sebastián se vuelven icónicas por feas, algo así. Queríamos comer cocodrilo y armadillo, pero no nos daba tiempo de llegar.
Después de entregado el cheque, fuimos a hacer fila en el banco, donde intercambiamos lugar tres veces, Do corrió para ganarle el lugar en la fila a un viejito, él se formó pero M fue quien hizo el trámite... A mí se me rompió un zapato. Salimos después de que le tatué a Do el autógrafo de Chayanne en la mano y admití, dentro de una institución bancaria, que soy buenísima copiando firmas.
Compramos unas gelatinas bien bonitas. Nos las dieron en papel encerado y nos las comimos a mordidas, y todos nos compartimos. Luego corrimos para atravesar la calle, y fuimos al Café la Habana. Pedimos el menú con botella de vino, y el capitán lo trajo y me presentó la botella y me dio el corcho y me sirvió primero y me dijo que si yo me iba a hacer cargo de los muchachos.
Comimos demasiado. Salimos justo a tiempo para regresar bien, habiéndonos tomado dos horas de comida...
Lo dije ayer, pero en realidad lo siento: si una hipotética Coppelia de 8 años nos hubiera visto, nos habría envidiado. Esa vida es la que me hace falta. Ya veré cómo me las arreglo para poder organizar todo con todo, pero ojalá pueda. Ojalá que todo salga bien. Hasta ayer en la noche estaba muy animada, y hoy ese "no queremos trabajar con ella porque ella trabajaba con Medusa y eso no nos gusta" me bajó los ánimos. Como si no fuera a conseguir trabajo por culpa de la misma mujer de la que huí hace un año. Como haberme generado un mal karma laboral...
Lo importante, pues, deberá ser dar clases y escribir. ¡En eso no me han desprestigiado todavía!
Enojada porque me sacaron de un proyecto gracias a mi turbio pasado en la empresa de Medusa. Eso implica que igual estaré corriendo con trabajo y ver que las sesiones entren y etcétera, pero no analizaré ni moderaré (que es lo que me gusta hacer). Me quedé con la peor parte de la chamba, gracias a un proyecto en el que participé de forma marginal hace año y medio, ¡Ufa!
Indecisa sobre si lanzarme al centro aunque vaya sola, nomás por el gusto de hacerlo, o largarme al cine a ver "Señora Venganza" yo solita, nomás porque quiero verla pero no quiero invitar a T y L ya la vio en preestreno pirata.
Monísima, porque me peiné de dos colitas hoy y me siento hecha una nena.
Ayer fui con M y con Do a cobrar el cheque de M a uno de los medios en los que escribe. Huimos a las 2 de la tarde de la Condesa, tomamos un taxi, mareamos al taxista con nuestros comentarios sobre si la revista Chispa era mejor que Grita fuerte (hell-fucking-yeah), si el Caballito es un caballo completo o es sólo la cabeza o es un debraye amarillo, sobre como las horrendas esculturas de Sebastián se vuelven icónicas por feas, algo así. Queríamos comer cocodrilo y armadillo, pero no nos daba tiempo de llegar.
Después de entregado el cheque, fuimos a hacer fila en el banco, donde intercambiamos lugar tres veces, Do corrió para ganarle el lugar en la fila a un viejito, él se formó pero M fue quien hizo el trámite... A mí se me rompió un zapato. Salimos después de que le tatué a Do el autógrafo de Chayanne en la mano y admití, dentro de una institución bancaria, que soy buenísima copiando firmas.
Compramos unas gelatinas bien bonitas. Nos las dieron en papel encerado y nos las comimos a mordidas, y todos nos compartimos. Luego corrimos para atravesar la calle, y fuimos al Café la Habana. Pedimos el menú con botella de vino, y el capitán lo trajo y me presentó la botella y me dio el corcho y me sirvió primero y me dijo que si yo me iba a hacer cargo de los muchachos.
Comimos demasiado. Salimos justo a tiempo para regresar bien, habiéndonos tomado dos horas de comida...
Lo dije ayer, pero en realidad lo siento: si una hipotética Coppelia de 8 años nos hubiera visto, nos habría envidiado. Esa vida es la que me hace falta. Ya veré cómo me las arreglo para poder organizar todo con todo, pero ojalá pueda. Ojalá que todo salga bien. Hasta ayer en la noche estaba muy animada, y hoy ese "no queremos trabajar con ella porque ella trabajaba con Medusa y eso no nos gusta" me bajó los ánimos. Como si no fuera a conseguir trabajo por culpa de la misma mujer de la que huí hace un año. Como haberme generado un mal karma laboral...
Lo importante, pues, deberá ser dar clases y escribir. ¡En eso no me han desprestigiado todavía!
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